La historiografía de la Independencia mexicana suele registrar el desembarco en Soto la Marina, Nuevo Santander, de la División Auxiliar del Congreso Mexicano, organizada por (Francisco) Xavier Mina, el 15 de abril de 1817, aunque en realidad ocurrió el 21 de abril de ese año

 

A dos siglos de distancia desde el inicio del proceso emancipador insurgente, la figura de Mina se ofrece como un poderoso atractivo para introducir cierto elemento de distensión y entendimiento entre la Península y América durante el primer tercio del siglo XIX. La celebración del Bicentenario de Xavier Mina pone de relieve la participación de algunos liberales españoles en el proceso insurgente de México.

En torno a la figura del soldado liberal español y su conversión en héroe en grado benemérito de la República de México, se plantean algunos “contenciosos historiográficos” que conviene aclarar.

El primero, su nombre. “Francisco Javier Mina”, como se le conoce en México, es un apelativo que no corresponde al nombre de pila con el que firmó siempre: “Xavier Mina”. Así aparece en todos los documentos escritos que se han encontrado. Si bien es cierto que en el bautismo se le impuso el de Martín Xavier, el primer Martín se desechó pronto y quedó abandonado a partir de la infancia. Su firma, desde los primeros textos que se conocen, es la de Xavier Mina, con una 'x' que ha sido discutida en algún caso, pero que mantuvo personal y constantemente. La indeterminación de las grafías 'x' o 'j' en euskera está resuelta a favor de la preferencia del usuario. De todos modos, hay que reconocer que anteponer 'Francisco' a 'Javier' se produjo muy pronto, apareciendo en documentos mexicanos inmediatamente después de su llegada, por lo que Francisco Javier Mina se ha difundido, arraigado e implantado en toda la República Mexicana. No es que se abogue por la supresión o el cambio de este apelativo, sino simplemente que los académicos más exigentes reconozcan la razón de cierta insistencia en el uso de Xavier Mina como apelación más correcta.

En una de esas torres del Castillo de Vincennes en París estuvo preso Xavier Mina antes de partir a Londres

En segundo lugar, la confusión frecuente de los Mina viene a cuento porque ocurrió como consecuencia de la adopción por parte de su tío Francisco Espoz Ilundain del sobreapellido 'Mina', al ser hecho preso Xavier por los franceses en marzo-abril de 1810 y quedar huérfano el liderato de la “guerrilla de Mina”, y asimismo al darse cuenta de la importancia que tenía mantener el nombre del sobrino como banderín de enganche, marca de prestigio y símbolo de un modelo de comportamiento. “¡Irse a Mina!”, “¡Que viene Mina!”, '”¡Miná, Miná!” fueron lemas de movilización o de pánico entre la juventud navarra y los soldados franceses cuando se percataban de la llegada de los guerrilleros. Re, Hace unos años, en Madrid, el descubrimiento de un librito titulado Vida del general Mina dio lugar a una chusca confusión en los medios de comunicación, que se entretuvieron unos días en la tarea de atribuir la obra a uno u otro de los dos Mina. Que en Inglaterra, a partir de 1815 se llamara a Xavier Mina, 'general Mina', fue entendido por su tío Francisco Espoz como una bofetada moral. “¡El único general Mina soy yo!”, exclamaría al enterarse de ese hecho, al tiempo que trataba de desacreditar a su sobrino con el silencio.

Interesado por la milicia desde muy joven, Xavier Mina fue un apasionado seguidor de las campañas de Napoleón, al que admiraba como la mayoría de sus contemporáneos. Estudiante brillante y aventajado, inició los estudios de derecho en la Universidad de Zaragoza en el otoño de 1807, aunque la tempestad de los sucesos políticos de la primavera de 1808 lo obligó a convertirse en líder estudiantil, promotor de las revueltas populares contra el capitán general, a favor de su sustitución por José Palafox, el héroe de los sitios de Zaragoza. En el invierno 1808-1809, Mina tomó parte en la defensa exterior y en las campañas del Ejército de la Derecha que trataba de liberar Zaragoza a las órdenes del general Juan Carlos de Aréizaga, que mandaba un cuerpo de voluntarios en cuyas filas se encontraba fray Servando Teresa de Mier, capellán del regimiento de los Voluntarios de Valencia.

Mina fue el primer jefe del “Corso Terrestre de Navarra”, una milicia creada por órdenes de la Junta Nacional en diciembre de 1808, organizada por él mismo con el apoyo del cura de Ujué, que actuó como guerrilla en los territorios de Navarra y Aragón. Napoleón ordenó su persecución y fusilamiento, pero al caer preso en Labiano en marzo-abril de 1810 se le conmutó la ejecución por la prisión como “preso de estado” del emperador, siendo encerrado en la torre de Vincennes en París.

Se impregnó de liberalismo en la misma cárcel, gracias a la convivencia y las enseñanzas teórico-prácticas del general Victor Fanneau de La Horie, revolucionario de la primera época, apasionado de la libertad y el progreso, enemigo de Napoleón, preso por su oposición a las políticas del emperador. La Horie se convirtió en maestro del joven guerrillero y le instruyó en la lectura de los clásicos, el arte militar y los fundamentos de la Revolución francesa.

Facsímil de Xavier Mina

Cuando Xavier Mina regresó a España en 1814, se enfrentó a Fernando VII y, tras exiliarse a Francia, convivió durante un largo año en Londres con lo más granado del liberalismo español y americano: Blanco White, Flórez Estrada, Méndez López, Sarratea, Palacio Fajardo, Moreno, Bello, Mier y los autonomistas mexicanos de la familia Fagoaga, incluido el joven marqués del Apartado. El tema de la emancipación, la insurgencia, la autonomía y la independencia de América fue la ocupación exclusiva de los emigrados liberales en Londres durante los años 1815 y 1816. Son los años que Mina pasó en la capital del imperio, mientras recibía un subsidio del gobierno inglés. Profundizó en el conocimiento del liberalismo gracias a las tertulias a las que asistió, al contacto frecuente con Flórez Estrada, a la amistad con los Whig ingleses, al compañerismo de Lord Russell y su aceptación en el círculo de la Holland House.

En Londres, agotada su misión inicial de apoyar el levantamiento de Díaz Porlier en septiembre de 1815 en la Coruña, Mina aceptó el ofrecimiento de los liberales hispanoamericanos exiliados, quienes le propusieron encabezar una expedición militar que se estaba preparando desde el verano de 1815, para enviar a México un contingente de oficiales y especialistas en apoyo del ejército popular del general José María Morelos y del Congreso Mexicano. Habían acabado las guerras europeas y había un amplio contingente de oficiales licenciados, además de los que huían rumbo a Estados Unidos por temor a la “Santa Alianza”.

Gracias al apoyo financiero de Lord Holland y un grupo de comerciantes de la City, además de los españoles Fermín Tastet, banquero de Bilbao, y los hermanos Fernando Javier y Tomás Istúriz Montero, se compró la fragata La Caledonia, repleta de municiones y armas de todo tipo, además de una imprenta metálica de las primeras que salieron al mercado. La expedición se hizo a la mar el 15 de mayo de 1816 desde el puerto de Liverpool. Le acompañaba un grupo de militares de varias naciones, así como Fray Servando Teresa de Mier, a quien Mina designó capellán de la expedición. Flórez Estrada renunció al viaje porque acababa de llegarle la noticia de su condena a muerte en España y tenía que preparar su defensa.

La expedición de apoyo a José María Morelos y el Congreso, planeada en Londres a mediados de 1815, se puso en marcha casi un año más tarde coincidiendo con la llegada de los primeros rumores del desastre de la insurgencia mexicana. Las promesas de apoyo estadounidense que Mina recibió en febrero de 1816 lo decidieron a preferir Baltimore como primer puerto en América, donde recibió el apoyo de los grupos liberales refugiados en la costa este de Estados Unidos. Gual, Torres, Roscio, Revenga, Infante y Montilla se encontraban en Baltimore y Filadelfia; más al sur, en Nueva Orleáns, el doctor José Manuel de Herrera Sánchez Durán de Huerta y Guerrero, enviado plenipotenciario de Morelos, pero también José Álvarez de Toledo, quien estaba a punto de convertirse en agente doble en la red de espionaje realista del cura Sedella, que tenía como agente principal a Juan Mariano Picornell.

La decisión de desembarcar en Boquilla de Piedras, que se creía en manos de Guadalupe Victoria, tuvo que ser desechada al caer este puerto en poder de las fuerzas realistas. La opción de Baltimore, por otra parte, favoreció el apoyo del general Winfield Scott, que promovió la incorporación de un grupo de excelentes oficiales estadounidenses que engrosaron las filas de la expedición inicial. En la costa este, Mina encontró la colaboración de un grupo de comerciantes que le ofrecieron recursos a cambio de la promesa de cobro cuando el gobierno de la nueva república alcanzara el poder.

En Londres ocurrió algo más. Los emigrados mexicanos que se encontraban allí habían elaborado un proyecto ambicioso: organizar una expedición militar compuesta de oficiales y expertos militares, que acudieran en apoyo del general Morelos y del congreso mexicano. La elección, el verano de 1815, fue muy sencilla: Xavier Mina, llamado desde entonces “general Mina”, sería su jefe. Fue la decisión más natural, dadas las circunstancias.

En una carta de Mina a los liberales veracruzanos de septiembre de 1816, lo reconoce así:

México es el corazón del coloso (americano) y es de quien debemos procurar con más ahínco la independencia. He jurado morir o conseguirla. Vengo a realizar, en cuanto esté de mi parte, el voto de los buenos españoles, así como el de los americanos. Cuantos había en Londres de diferentes partes de la América y de carácter me animaron y conjuraron al doctor Mier a que me acompañase”.

           Desgraciadamente la expedición no llegó a México sino hasta el 21 de abril de 1817. Se habían perdido casi dos años, y entre tanto en Nueva España se habían producido graves acontecimientos: La captura de Morelos y su fusilamiento por orden del virrey Calleja; la huida y desintegración del Congreso; la estampida de los pocos insurgentes que sobrevivieron a pesar de la represión y de los cantos de sirena del nuevo virrey Apodaca, entre otros.

Sin embargo, el empeño de Xavier Mina consistía en llevar a cabo su compromiso de Londres. Los inconvenientes lo obligaron a cambiar y reformar el proyecto, pero nunca cedió al desánimo. En diciembre de 1816 se encontró en las playas de Galveston con Cornelio Ortíz de Zárate, secretario de la embajada extraordinaria que Morelos había enviado a Estados Unidos, encabezada por el doctor Juan Manuel de Herrera en busca del apoyo del Congreso a la causa mexicana. En ausencia de Herrera, quien había regresado al país, Zárate se presentó con todas las acreditaciones en regla y Xavier Mina, respetuoso con la autoridad y las formas de protocolo, le explicó el objeto de la expedición y se puso, disciplinadamente, a las órdenes del gobierno que Ortíz de Zárate representaba:

Desde Baltimore tuve el honor de comunicar al Exmo. S. Dr. Dn. J. Manuel de Herrera mi llegada allí, mi devoción a la Causa de la Libertad y mi determinación de ir a continuarle mis servicios en la Nueva España; y conforme a aquella carta y a lo que luego escribí por medio de monseñor Mier, he llegado aquí con los oficiales y otras clases que me acompañan; y con las armas, municiones y otros materiales que traigo para el servicio de la República Mexicana… Tenga V. pues la bondad de aceptarme a mí y a mis compañeros de armas como soldados defensores de la Libertad Mexicana, de indicarme la dirección que debo tomar y de disponer con respecto a mis materiales, lo que V. crea más a propósito y del beneplácito de nuestro Gobierno nacional. Dichosos nosotros si al obedecer las órdenes de V. podemos dar pruebas de nuestro honor militar y de nuestra fidelidad a tan Santa Causa. Galveston, Dbre. 14 de 1816.

La respuesta de Ortíz de Zárate está redactada en términos muy similares:


Son sobremanera estimables los sacrificios que hasta ahora ha hecho V. con las miras laudables de servir a nuestra República de México. Para ésta es un buen agüero que desee incorporarse en su familia un caudillo que ha dado en Europa tan repetidos testimonios de su amor a la Independencia y causa sagrada de la libertad.

Doy a V. por ello a nombre de la República las más expresivas gracias, acepto desde luego a nombre de la misma las armas, municiones y demás pertrechos de guerra que V. conduce y aprecio sobre todo los servicios con que V. y sus compañeros pretenden cooperar a nuestra emancipación de la antigua España.

Lisongéome de que no calificará el Gobierno de intempestivo el reconocimiento que interimariamente hago de V. como Xefe de la Expedición que ha formado, ni desaprobará las operaciones que en consecuencia emprenda V. de acuerdo conmigo, mientras que instruido de todo nuestro supremo Gobierno pueda dirigir a V. sus órdenes directamente. 25 Dbre. de 1816.

            En su carta, Ortíz de Zárate titula a la fuerza reunida en Galveston “Expedición auxiliar de la República Mexicana”. Xavier Mina la rebautizaría enseguida como “División auxiliar de la República Mexicana”.

           Su actuación en México. Al llegar los barcos que transportaban la División Auxiliar a la altura de Río Bravo, en aguas jurisdiccionales de México, Xavier Mina se dirigió a los soldados con los que iba a encontrarse en las tierras de América en estos términos:


¡Soldados españoles del rey Fernando! Si la fascinación os hace instrumento de las pasiones de un mal monarca o sus agentes, un compatriota vuestro, que ha consagrado sus más preciosos días al bien de la patria, viene a desengañaros, sin otro interés que el de la verdad y la justicia… Fernando oprime a la España con más furor que los franceses… Los hombres que más trabajaron por su restauración y por la libertad de ese ingrato arrastran hoy cadenas, están sumergidos en calabozos, o huyen de su crueldad. Sirviendo, pues, a tal príncipe, servís al tirano de vuestra nación.

¡Soldados americanos del rey Fernando! Si la fuerza os mantiene en la esclavitud… tiempo es de que salgáis de vuestro vergonzoso estado… ¡Qué triste experiencia tenéis de la metrópoli, y qué dolorosas lecciones habéis recibido de los malos españoles que, para oprobio de los buenos, han venido aquí para subyugaros y enriquecer a costa vuestra… El suelo precioso que poseéis no debe ser el patrimonio del despotismo y la rapacidad…

En Mina aparece con toda claridad la diferenciación entre 'buenos' y 'malos' españoles. No se trataba de una cuestión moral, sino de intereses, concretos y palpables.

El Virrey Apodaca seguía muy de cerca los movimientos de Mina, ya que a través de Luis de Onís se enteraba de los pormenores de la expedición.  El Virrey recibió el informe del cargamento que traía la Caledonia, consistente en 18 cañones, 2000 fusiles, 50 barriles de pólvora, además de ropa. Se supo también que Mina había reclutado gente para apoyar el movimiento y que a todos les había conferido algún grado, conformando sus fuerzas con oficiales de España, Italia y Francia. La Caledonia ya había sido negociada para formar parte de la marina que estaban conformando los insurgentes. Se alistaron otros barcos designados también para la expedición del navarro: las goletas Félix Cubana, capitaneada por Bonifacio Revilla; María, al mando del Capitán Stafford; Espartan y Calipso, bajo las órdenes del Capitán Boyle. Todas ellas con cargamento de pólvora, fusiles, sables y artillería.

Una vez tomadas las medidas necesarias para la expedición, el 27 de septiembre de  1816 Mina partió de Baltimore a Puerto Príncipe –Haiti-, punto en donde se reunirían las embarcaciones para la empresa. Durante el viaje, su barco sufrió serias averías, por lo que tuvieron que permanecer en aquel puerto en donde recibieron toda la ayuda del presidente de esa República, el General Pétion, partidario de Simón Bolívar y de los liberales independentistas.

Enterado que el Comodoro liberal Luis d´Aury se encontraba en Galveston, se dirigió hacia allá para reunirse con él esperando hacerse de su apoyo. Aury comandaba una escuadrilla con barcos de su propiedad, ofreció sus servicios al movimiento insurgente obteniendo así una patente para hacer el corso.

En noviembre Mina llegó a la isla de San Luis –en la costa de México- en donde Aury ya había comenzado a construir una fortificación, en la cual el navarro estableció su campamento. Del Comodoro recibió todo el apoyo desde víveres, vestimentas, armas, municiones, pertrechos etc. Además, en un intento de legitimar y dar orden a su movimiento, en la pequeña isla se conformó un pequeño gobierno, cuya autoridad quedaba dividida en dos: civil y militar y tendría su sede en Galveston con un destacamento en Matagorda. Los miembros de este gobierno fueron: Luis d´Aury, Gobernador; José Torrens, Juez del Almirantazgo; Vicente Veros, Escribano del Tribunal; Gabriel Torrens, Notario Público; Juan Pedro Rouselin, Tesorero y Juan Bautista Dumonisseaud como Alguacil Mayor.

El navarro en conjunto con el Ministro José Manuel de Herrera, organizó el cuerpo expedicionario para las costas mexicanas, quedando de la siguiente forma: la Guardia de Honor, al mando del Coronel Young; Artillería, bajo las órdenes del Coronel Myers; Caballería, dirigida por el Coronel Ruuth; el 1er. Regimiento de Línea, a cargo del Mayor José Sardá; tres departamentos (Ingenieros, Comisaría y Medicina); además de los herreros, carpinteros, inspectores y sastres.

En un intento de aumentar la flota para la expedición, Mina se dirigió a Panzacola –Florida- , en donde adquirió el bergantín Cleopatra e inicia las transacciones para comprar el Neptuno. Luis d´Aury, aprovechando la ausencia de Mina, decidió trasladar su pequeño gobierno a Matagorda, bajo el pretexto de que Galveston no era un buen puerto para salir. El Coronel Perry, al mando de un regimiento de 80 angloamericanos se negó a seguir de Aury, logrando que un número importante de miembros de la tropa de éste último se unieran al movimiento de Mina, no quedándole al Comodoro Aury otro remedio que reconocer al navarro como líder de la expedición.

Para el 16 de febrero de 1817 Mina ya estaba de regreso en Galveston. Con todo listo, y habiéndose enterado de la situación que prevalecía en la costa del Golfo de México, en el sentido de que Nautla y Boquilla de Piedras habían sido ocupadas por los realistas, Mina decidió entonces arribar a Soto la Marina –Tamaulipas-. El ejército con el que contaba estaba conformado por aproximadamente 300 hombres entre marineros, operarios y criados, con los que partió de Galveston el 6 de abril de 1817 en las embarcaciones que a continuación se mencionan:

Cleopatra, bergantín dirigido por el capitán Hooper y en el que viajaban Mina con su Estado Mayor, la Guardia de Honor y el 1er. Regimiento de Línea.

Neptuno, a cargo del capitán Wisset, venía a bordo el teniente Arago al cuidado de la comisaría y provisiones.

Dos bergantines que Aury había capturado, en los que viajaba el Regimiento de la Unión con el coronel Perry al frente.

Una goleta armada y capitaneada por el comodoro Aury, en la que venían la compañía de Artillería y Caballería dirigida por el coronel Ruuth.

Elena Tooker, un buque mercante que se une a la expedición en el momento de su partida.

Un buque pequeño capitaneado por Williams.

Con ese bagaje ideológico y de recursos logísticos militares desembarcó Xavier Mina en Soto la Marina, el 21 de abril de 1817.

Pedro Moreno compañero de armas de Xavier Mina