Coco Zavala
Autor: Coco Zavala
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Consultora Mindfulness
Coco Zavala tiene especialidad en justicia alternativa, practicas restaurativas, sistema penal acusatorio, competencias y habilidades de mediador, sabiduría para curarse del sufrimiento y consultora de Mindfulness Transpersonal.
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En el silencio dejo a mi “presencia” oír a tu “presencia”.

Todo mi “ser” está escuchando a todo tu “ser”.          

Neil Friedman

En días pasados, haciendo antesala en una oficina, me tocó presenciar una discusión entre dos personas; una de las cuales parecía sorprendida por lo que la otra le espetaba, y al retirarse quien llevaba la voz cantante en la discusión, la otra se desplomó confundida sobre la silla y con las manos en el rostro solo atinaba a decir: ¡No entiendo que le pasó, no lo entiendo!

Lo que me hizo recordar este cuento de la sabiduría ancestral que a continuación comparto.

“Mulla Nasrudín trabajaba en el jardín de su casa, cuando se encontró con un imprevisto problema: la hoja de su hoz se rompió.

Apurado por este contratiempo, se paró a reflexionar y decidió ir a casa de su vecino, que vivía a un kilómetro, a pedirle prestada la suya. Cuando iba de camino se puso a pensar, como hacemos todos, con poca conciencia del diálogo que se mantenía en su interior, y que era más o menos así:

- “La verdad es que no conozco mucho a ese vecino. Además, a lo mejor le molesto si no está de buen humor. Corro el riesgo de que me diga que no. Entonces me voy a sentir humillado y, como me conozco, sé que me voy a enfadar y tendré que regresar a casa triste y abatido. Sí, eso es lo más probable…”

Cuando terminó su discurso interior, se encontró delante de la puerta de la casa de su vecino que, en un tono alegre y distendido, como el que a veces la gente tiene los domingos, le dijo:

- Hola Nasrudín ¿Cómo te va? ¿Qué buenos vientos te traen por aquí?

A lo que Nasrudín contestó con un tono cortante y enfadado:

- ¡Que sepas que no necesito tu hoz!

No prestar atención a nuestros pensamientos y nuestras emociones, nos pueden llevar como en el caso del cuento o en el de la vida real que les planteo al inicio, a conflictuarnos no solo con nosotros mismos al generar ese estado de malestar interno, sino a que escale y se traslape a nuestras relaciones interpersonales, con el consecuente deterioro de éstas.

Cuando no estamos atentos, escuchamos más nuestros propios ruidos generando juicios, y vemos problemas en dónde quizás no los haya.

La invitación con ésta reflexión, es hacer un espacio en nuestra cotidianidad y detenernos a observarnos, en un ejercicio de autoindagación, para identificar qué es aquello que subyace bajo nuestras emociones y que nos lleva a reaccionar en lugar de responder.