Coco Zavala
Autor: Coco Zavala
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Consultora Mindfulness
Coco Zavala tiene especialidad en justicia alternativa, practicas restaurativas, sistema penal acusatorio, competencias y habilidades de mediador, sabiduría para curarse del sufrimiento y consultora de Mindfulness Transpersonal.
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La vida combina la teoría y la práctica en cada enseñanza que nos brinda,

 a través de aprendizajes muchos de ellos dolorosos, pero son éstos realmente

los que permiten vernos tal cual somos, primer paso para el cambio.

Mszm

Según la Real Academia Española, emoción significa alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.

Hablar sobre regulación emocional significa ir más allá de algo teórico y meramente cognitivo; es darle voz y presencia a las emociones en nuestra vida para saber  qué son, cómo se sienten y como puedo evitar que literalmente “me secuestren” y me lleven a experimentar estados aflictivos.

Existen cuatro emociones básicas que son la alegría, la tristeza, el miedo y la ira. De las que derivan estados secundarios como la plenitud, la melancolía, la incertidumbre y el enfado entre otros; y nos hemos vuelto expertos en identificarlas en los demás, pero… no en nosotros mismos

El término Inteligencia Emocional surge en 1990 por dos Psicólogos de la Universidad de Yale P. Salovey y J. D. Mayer, pero es hasta 1995 que Daniel Goleman define a la Inteligencia Emocional como: “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

La mente que siente incluye cinco procesos: a).- Concientización; b).- Autorregulación; c).- Orientación Motivacional; d).- Empatía; y e).- Socialización.

Cuando preguntamos a alguien ¿Qué tienes?, por lo general obtenemos una repuesta vaga, salida del estado reactivo; pero si cambiamos el enfoque y preguntamos ¿Cómo te sientes?, orillamos a nuestro interlocutor a reflexionar sobre su estado anímico, y crearemos las condiciones para que responda.

La invitación con ésta reflexión, es tomar conciencia que las emociones forman parte de la vida, que son pasajeras…..pero –como anteriormente en el cine- su permanencia voluntaria con lo que ello conlleva, depende única y exclusivamente de mí.

Dejo por aquí un cuento de Jorge Bucay, que nos ejemplifica el tema de hoy.

“Una chica estaba esperando su vuelo en la sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete de galletas, y se sentó a esperar leyendo tranquilamente. Asiento de por medio, se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. Entre ellos quedaron las galletas.

Cuando ella cogió la primera galleta, el hombre también tomó una. La chica se sintió indignada, pero no dijo nada, solo pensó: “¡Qué descarado; si yo fuera más valiente, hasta le daría una bofetada para que nunca lo olvide!”. Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.

Cuando quedaba solo una galleta, pensó: “¿Qué hará ahora este aprovechado?” Entonces, el hombre partió la última galleta y dejó media para ella. ¡Ah, no! ¡Aquello le pareció demasiado! ¡Se puso a resoplar de rabia! Cerró su libro, cogió sus cosas y se dirigió al sector del embarque hecha una furia. Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletas saladas…Intacto, cerrado…

¡Sintió tanta vergüenza! Sólo entonces se dio cuenta: ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolso! El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, enfadado o alterado… ¡Y ya no estaba a tiempo ni tenía posibilidades de dar explicaciones o pedir disculpas!

Jorge Bucay